Un yaqui en Hollywood: Esteban Clemente y su singular técnica.


Tell a Friend


Xóchitl Fernández © 2013.


Esteban Clemente, conocido en el medio artístico como Steve Clemente –o Clemento-, fue un mexicano de origen yaqui que hizo una carrera exitosa en Hollywood. Lo logró gracias al uso creativo de las habilidades adquiridas en su trabajo como vaquero, tanto en la vida real como en espectáculos circenses.


Esteban era experto en lanzar cuchillos y toda clase de armas punzantes. Su increíble destreza en esta actividad fue aprovechada en un gran número de películas. En muchos de los casos, Esteban participaba como actor y no solamente como stunt.


Su magnífico y expresivo rostro yaqui, su elevada estatura y porte lo convirtieron en favorito para representar papeles de hombre rudo. La carrera cinematográfica de Clemente se extendió por más de dos décadas. Su filmografía conocida comprende más de sesenta películas; en realidad, el número debe ser mucho mayor debido a que frecuentemente no llevaba crédito en las cintas en que intervenía.

No se sabe mucho de la vida personal de Esteban Xavier Clemente. No se conoce el lugar de su nacimiento y en cuanto a la fecha, los datos encontrados en diversas fuentes no coinciden. Todo indica que nació un 22 de noviembre; en cuanto al año, puede ser 1876, 1882 ó 1885[1].



Esteban solamente llegó a mencionar como familiar a su hermana Josefa, quien vivía en Guaymas, Sonora. Sobre su infancia y juventud corrieron varias versiones, algunas de ellas totalmente fantasiosas, seguramente inventadas por los publicistas de los estudios cinematográficos. Éstos solían adornar las biografías de los actores mexicanos de westerns con truculentas anécdotas relativas a la Revolución Mexicana.


La versión más verosímil cuenta que Esteban fue vaquero y marcador de ganado en su primera juventud, aficionado a practicar el lanzamiento de cuchillo en sus ratos libres.


Se convirtió experto en este arte, lo mismo que en “excelente tirador con arma de fuego, gran jinete y lazador, así como una maravilla con el estoque”. Se decía que había trabajado también en los ferrocarriles.


Sus habilidades lo llevaron a convertirse en parte del gran espectáculo de William F. Cody, el legendario soldado y entusiasta colaborador en la infame tarea de extinguir el búfalo en Estados Unidos, lo que le ganó el sobrenombre de Buffalo Bill.


El “Buffalo Bill Wild West Show” era enormemente popular dentro y fuera del territorio estadounidense. Se consideraba dicho espectáculo como una representación vívida y realista de la vida en la frontera. Se contaba con vaqueros expertos para las escenas de acción, entre ellos los mexicanos Esteban Clemente, Rafael Isasio, Luciano Velázquez y José Ramos[2]. Ellos formaban parte de este espectáculo en 1910.


Para ese entonces, Esteban estaba ya casado con Refugio Arévalo Briseño, originaria de Guadalajara, quien posiblemente tomaba parte en las representaciones del Wild West Show, ya que se le registró como “artista”.


En agosto de 1913, Esteban Clemente viajó a Winnipeg, Canadá, en compañía de tres compatriotas, todos en calidad de “vaqueros”.  Se desconoce si eran parte de algún espectáculo o iban a prestar sus servicios en algún rancho[3].


Estos datos contradicen la novelesca historia contada acerca de la niñez y juventud de Esteban Clemente publicada por algunos medios de su tiempo. Ésta lo retrataba como joven campesino que quedó en la orfandad a los catorce años de edad. Según el recuento, Esteban se contrató para trabajar con un terrateniente por un sueldo anual que a la postre le fue entregado incompleto. Al llegar llorando de rabia a casa de la tía con quien vivía, encontró ahí al bandido Francisco Villa. Éste lo acompañó a ver al hacendado, al que logró amedrentar lanzándole cuchillos que pasaron amenazadoramente cerca de su garganta. Huelga decir que, de acuerdo con la historia, el avaro ranchero pagó al joven Esteban la cantidad que le adeudaba.


Esteban, según el periodista, aprendió el arte de lanzar cuchillos del caudillo revolucionario[4].


Otras fuentes fueron más lejos, al afirmar que Esteban fue guardaespaldas y guía de Francisco Villa durante su campaña revolucionaria, así como “Supervisor de Ganado en la ciudad de México, con la tarea de hacer los pedidos de carne para alimentar a las tropas de Villa”. Como se dijo antes, este tipo de historias se crearon alrededor no solamente de Clemente, sino de otros actores mexicanos, como José Domínguez, Antonio Roux, y Allan Ernest García.


Lanzando cuchillos en Hollywood.


La primera incursión que se conoce de Esteban Clemente en el cine fue en The Secret Man (John Ford, 1917), película en que obtuvo el octavo crédito. La cinta fue producida por Universal, empresa con la cual Clemente había estado trabajando bajo contrato, como extra.


Según se dice, un día el director escuchó que Clemente podía lanzar un puñal a una baraja situada a catorce pasos de distancia y acertar.

De ahí en adelante, el actor/especialista comenzó a trabajar en forma constante y en mejores condiciones. En 1918, Clemente se hallaba bajo contrato con Astra Films. Su último contrato fue con Universal Pictures, con un sueldo de $35 dólares semanales[5]. El estudio cobraba por subcontratar sus servicios con otras productoras, hasta que Esteban decidió trabajar por su cuenta. Esto significó un incremento significativo en sus ingresos.


Curiosamente, se encontró un anuncio de exhibición de The Secret Man, en Jonesboro, Arkansas, publicado el 5 de febrero de 1922 en el Jonesboro Daily Tribune. Se trataba de una copia pirata de la cinta, a la que se le dio el título de That Devil Gringo. En lugar de mencionar al actor estelar, Harry Carey, se dan los nombres de Esteban Clemente y William Steele.


En 1919, destacó el trabajo de Esteban en la serie Lightning Bryce (Paul Hurst, 1919), estelarizada por Jack Hoxie y Ann Little. Sobre su participación apareció una nota periodística que afirmaba: “Su trabajo es insuperable en muchas escenas de la película; hay pocos que puedan lanzar una daga y clavarla entre los dedos de una persona a cinco metros de distancia. Ésta es solamente una de las cosas asombrosas que [Clemente] logra en la cinta.”[6]  En esta película se le dio el séptimo crédito.


Siete años después, su participación como stunt en The Temptress causó admiración y fue comentada en diversas ocasiones. En esta cinta, “Manuel” (Antonio Moreno) lanza un cuchillo contra “Manos Duras” (Roy D’Arcy), quien daba serenata a “Elena” (Greta Garbo). El arma debía dar exactamente entre los dedos del actor, mientras éste tocaba la guitarra, y romper las cuerdas. Esteban lanzó el cuchillo en lugar de Moreno. De acuerdo con un comentario de Clemente, Roy D’Arcy se mostró sereno durante la filmación de la escena. Aparte de la confianza que le inspiraba el trabajo del mexicano, había pedido en vestuario el torso de una armadura, misma que llevaba bajo el traje. Clemente comentó con respecto a esta escena que varias personas salieron del foro cuando se filmó, porque temían presenciar un accidente.


Esteban fue contratado en 1927 para hacer un trabajo de stunt para la cinta The Unknown, protagonizada por Lon Chaney. En ella, Chaney hace el papel de un criminal fugitivo que se esconde en un circo, fingiendo que no tiene brazos. Su trabajo consiste en lanzar cuchillos y tirar contra la hija del dueño, que posa como blanco. Aunque en una gacetilla se mencionaba que Clemente enseñó a Chaney a lanzar cuchillos con los pies[7], esto es inexacto. El mexicano explicó el ingenioso truco que se realizó para lograr un efecto creíble:


Ésta fue una de las pocas ocasiones en que tuve que hacer un truco; Lon hacía el papel de un hombre sin brazos que debe lanzar cuchillos con los dedos de los pies. Encontramos a un hombre maravilloso que realmente carecía de estas extremidades y sabía usar los pies como manos. Lon se sentó en una silla y el hombre se colocó bajo ésta, cubierto por la bata de Chaney. La señorita Crawford se colocó frente al panel y yo tomé mi lugar detrás de Lon, fuera de cuadro. La cámara estaba en posición para tomar la escena por sobre su cabeza. El hombre sin brazos debía tomar un cuchillo con los dedos del pie y levantar la pierna por sobre el hombro de Lon, como preparándose a lanzar. En el momento en que lo hizo, yo tiré el cuchillo que tenía en la mano. Se vio muy real en la pantalla. [8]


The Big Trail (Raoul Walsh, Louis R. Loeffler, 1930) dio a Esteban una nueva oportunidad de lucir sus habilidades. Aparte de tener un buen papel en la cinta, se dijo que enseñó a John Wayne el arte de lanzar cuchillos durante la filmación. Cabe El personaje de Clemente era el de un bandido, “López”.


Gilbert Roland (Luis Antonio Dámaso Alonso) fue blanco del cuchillo de Esteban Clemente en The Passionate Plumber (Edward Sedgwick, 1932). La escena exigía que el arma pasara casi rozando una oreja del actor. Roland no se movió ni un ápice, demostrando su confianza en las habilidades de Clemente.


En The Hatchet Man (William A. Wellman, 1932), Edward G. Robinson hace el papel de un asesino profesional chino que usa un hacha para sus “trabajos”. La película es muy apreciada y, sin duda, la participación de Esteban Clemente tiene que ver con ello. Fue el mexicano quien tuvo a cargo el lanzamiento de hachas en la película.[9]


En el mismo año, Clemente dobló a Spencer Tracy en una escena de Sky Devils, película dirigida por A. Edward Sutherland. Tracy debía lanzar un cuchillo a William Stage Boyd cuando éste entraba por una puerta. De acuerdo con Clemente “trataron de hacer un truco usando cuerdas, pero éstas se veían en la pantalla como las cuerdas de un mástil. Entonces me llamaron. Me vestí como Tracy, me coloqué dando la espalda a la cámara y tiré el cuchillo como estaba planeado.”[10]


Hasta donde se sabe, Esteban nunca tomó parte en película mexicana alguna. Sin embargo, participó en una producción de MGM en territorio nacional: Viva Villa!, con Wallace Beery en el papel protagónico.


En King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), Esteban hizo el papel de “rey brujo”. Además, la parte inicial de la historia se basó en una experiencia suya. En el guión, un director de cine que planea hacer una película sobre un gorila gigante encuentra que ninguna agencia de repartos está dispuesta a ayudarle a contratar una actriz para el papel protagónico, por el peligro que entraña la filmación. El director sale en busca de una alternativa y la encuentra en la forma de una bella joven (Fay Wray) desempleada y famélica; ella se atreve a tomar el riesgo para salir de su desesperada situación. Esteban Clemente había referido a sus amigos Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack su encuentro tiempo atrás con una joven pobre que veía con avidez las viandas en el aparador de un restaurante. Él la invitó a comer y luego le ofreció un puesto en su empresa de espectáculos. A los guionistas les pareció que adaptar esta anécdota para el principio de la historia de King Kong tendría buen efecto, como en realidad sucedió. En el mismo año, Clemente volvió a interpretar el papel de “rey brujo” en la secuela de King Kong, The Son of Kong.


Afortunadamente para Esteban Clemente y para sus “víctimas”, su vista perfecta y su certera puntería le permitieron salir airoso de cuantas pruebas se le pusieron, tanto ante la cámara como en espectáculos en vivo. El único accidente menor que ha quedado registrado acerca de sus actuaciones ocurrió durante la filmación de Under Two Flags (Frank Lloyd, 1936). En una escena, “Cigarette” (Claudette Colbert) le grita al sargento Víctor (Ronald Colman): “No te muevas. Yo haré que te diviertas”. A continuación le lanza un cuchillo. Esteban había sido contratado para doblar el lanzamiento, que por única ocasión resultó ligeramente desviado y rozó el hombro de Colman, para luego rebotar contra la pared y golpear levemente el torso del actor, quien no perdió la calma. Incluso se mostró dispuesto a repetir la escena.[11]


Aparte del riesgo, algunos lanzamientos que se le pedían a Clemente tenían cierta complejidad. En The Plainsman (Cecil B. DeMille, 1936), Esteban debía lanzar una tomahawk (hacha indígena) al brazo de una joven sin herirlo, pero atrapándolo con el mango contra la pared. No era trabajo fácil, sobre todo considerando que la tomahawk debía lanzarse a una distancia de ocho metros. Aparte, Clemente normalmente usaba hachas de mango más corto. Esteban ensayó el lanzamiento durante tres días, usando el brazo de un maniquí como blanco. Al momento de grabar la escena todo salió bien y la buena reputación profesional del mexicano se reforzó. Aunque en la película puede verse en la secuencia a Jean Arthur, en realidad se utilizó una doble para evitar riesgos innecesarios.[12]


En Spawn of the North (Henry Hathaway, 1938), el guión incluía una escena en que un hacha debía cortar la cuerda que ataba la proa de una lancha al mástil de un barco. Henry Fonda, coestelar en la cinta, manejaba la lancha. Esteban debía hacer el lanzamiento de una distancia aproximada de trece metros. La filmación de la escena fue narrada como sigue:


Esteban entra. Elige un hacha y la toma en su experta mano morena. Da unos pasos hacia atrás, mide la distancia con la vista y lanza el brazo hacia atrás. Todos lo observan de pie, tensos y sin respirar, porque el hacha debe pasar a unas cuantas pulgadas del caro perfil del Sr. Fonda para llegar a su objetivo. ¿Lo logrará Clemente esta vez?

¡Swishh! El hacha vuela por los aires, corta la cuerda y su hoja se entierra en el mástil tembloroso. No hay duda de por qué los directores lo llaman “Primera-toma Steve”.[13]





Aunque el trabajo de Esteban en los estudios era de gran responsabilidad, en ocasiones había tiempo para divertirse un poco en los foros. En The Adventures of Robin Hood (Michael Curtiz, William Keighley, 1938), por ejemplo, el reportero de cine Jimmie Fidler sirvió como árbitro en una competencia amistosa de velocidad entre Esteban y Bill Patton, un ex Ranger de Texas convertido en actor. Ambos habían estado discutiendo por una hora acerca de que arma sería más peligrosa a corta distancia: un revólver o un cuchillo. Fidler sugirió que se hiciera una prueba. A una señal de Errol Flynn, estrella de la película, Estaban sacó su cuchillo y arrojó, atinando al blanco antes de que Patton pudiera sacar su pistola.[14]


Esteban mencionaba que al actor Milton Stills le gustaba que le arrojara hachas de leñador, mientras que a Gary Cooper podía pasar una hora dejando que le lanzara cuchillos para tirarle los cigarros de la boca.


El autor Gregory William Mank narra en su libro una anécdota contada por la actriz Frances Drake. De acuerdo con Mank, la artista le mencionó en entrevista que el director de la película Trumpet Blows (Stephen Roberts, 1934) detuvo intempestivamente una sesión de lanzamiento de cuchillos en que ella era el blanco y Clemente el tirador (realizada por diversión en un receso de la filmación) sin que ella supiera el por qué en ese momento. Después se enteró de que Esteban “había matado a su esposa en uno de dichos espectáculos, lo que acabó con su carrera circense”.[15] Esta historia carece totalmente de fundamento; Refugio Briseño, con quien Esteban estaba casado desde antes de 1910, siguió apareciendo como su esposa hasta el censo federal estadounidense de 1940. Además, como las pruebas evidencian, su carrera tanto en el cine como en presentaciones personales continuó con éxito por lo menos hasta mediados de la década de los cuarenta.


Las otras facetas de Esteban Clemente.


Esteban no solamente actuaba en películas. Nunca olvidó sus inicios como artista itinerante y mantuvo por muchos años una pequeña compañía, en la que él mismo era la atracción principal. Uno de sus números más famosos era el arrojar cuchillos o hachas hasta rodear las siluetas de dos mujeres que le servían como modelos. En el proceso las despojaba de sus vestidos, dejándolas ataviadas con un pequeño traje de dos piezas.


Su espectáculo se presentaba al aire libre tanto como en centros nocturnos. Una muestra de este acto quedó registrada en la película Murder in the Museum (Melvilla Shyer, 1934). En ella Esteban aparece como parte del elenco en un “museo de rarezas”. Lo acompaña como modelo Eva Ontiveros, quien trabajó con él varios años. Otra de las mujeres que le sirvieron como “blanco” en este tipo de números fue Ángela Salcedo de Calles, la esposa del pionero actor y director de cine Guillermo Calles.





Esteban Clemente dijo alguna vez que las mujeres eran buenos blancos, porque sabían mantener la inmovilidad. Al reportero Erskine Johnson le comentó que sus asistentes nunca renunciaban. “Las mujeres son chistosas –le dijo-. No huyen del peligro, pero tengo que despedir a muchas [porque] al poco tiempo se les mete la idea de que ellas son las estrellas del espectáculo y no yo.”[16]

Aparte de sus actividades ante el público, en algunas ocasiones mencionó haber servido para el gobierno del entonces territorio de Quintana Roo, en México. Sus actividades consistían en entrenar a los agentes de policía en el uso del cuchillo. No se tiene confirmación al respecto.


La técnica.


Clemente explicaba claramente la diferencia entre arrojar un cuchillo con la intención de herir y hacerlo como espectáculo:

El homicida arroja la hoja como si fuera un dardo, tan rápidamente que el ojo humano no puede seguirla. Cuando se hace como espectáculo, la hoja se toma por la punta y se lanza con fuerza para que dé vueltas en el aire y refleje la luz, con objeto de atraer la atención del espectador. Un cuchillo lanzado en esta forma es fácil de esquivar, si se sabe cómo.[17]


Esteban le explicó al reportero Erskine Johnson cómo se protegían los actores cuando la escena implicaba que se les lanzaría un cuchillo a la espalda:


La espalda está totalmente cubierta por una placa metálica que tiene cuadro de madera en el centro. Arrojo el cuchillo y la mayoría de las veces logro que se clave en dicho cuadro. Si fallo, da en la placa, rebota y la escena se toma de nuevo.[18]


El apodo de “First-Take Steven” indica que Clemente casi nunca se equivocaba y los directores podían contar con que la primera toma sería la definitiva.


Esteban mandaba hacer cuchillos especiales, adecuados a sus necesidades; las hojas carecían de filo; solamente las puntas lo tenían. Tenía casi cien de ellos en un baúl tan pesado, que él mismo no podía levantarlo.


Aunque no se tienen muchos detalles sobre su estilo de vida, es razonable suponer que se trataba de un hombre de costumbres morigeradas. Una vista aguda y un pulso perfecto solamente se mantienen llevando una vida sana. Vivía con su esposa y no se sabe que haya tenido hijos, pero sí tres perros pekineses.


Esteban Clemente y su visión de negocios.


Esteban Clemente era un hombre tan acertado en las finanzas como lo era en el lanzamiento de armas punzo cortantes.


De cobrar dos dólares por arrojar un cuchillo ante las cámaras, pasó a hacerlo por cantidades que oscilaban entre los 75 y 250 dólares. De acuerdo con su propio relato, fue el actor Wallace Beery quien, luego de verlo trabajar, le aconsejó cobrar no menos de $75 por cada lanzamiento. Mientras más famosa era la estrella contra quien tenía que arrojar el arma, más altos eran sus honorarios.


Esteban comentó una vez con buen sentido del humor: “Me pagan $150 si el cuchillo no hiere al actor. Si lo hiciera, posiblemente lo que obtendría serían veinte años de cárcel. Las leyes de California no protegen mi trabajo. Mi destreza es mi seguro.”[19]


El actor y especialista ganaba tanto dinero con su trabajo que había logrado “invertir fuertemente en bienes raíces en Hollywood”.

Luego de una larga carrera, llena de satisfacciones, Esteban Clemente falleció en Los Ángeles el 7 de mayo de 1950.


Una historia de triunfo.


La historia de Esteban Clemente muestra a un tipo de mexicano en Hollywood del que rara vez se habla: un especialista de éxito, respetado por sus habilidades y en una posición estable; un mexicano sin miedo y sin complejos.


Esteban supo capitalizar su extraordinaria destreza en el manejo de armas punzo cortantes en una actividad bien remunerada. Con su trabajo contribuyó a dar realismo y emoción a las cintas en que participó. Su persona y su trabajo fueron tema de numerosos artículos y notas en periódicos y revistas; de él siempre se habló con respeto y admiración.





En una época en que el haber sido a real cowboy era un gran mérito para cualquier actor de westerns mudos, Clemente y varios otros vaqueros mexicanos lograron hacerse de una reputación como especialistas en escenas de acción.


Esteban tuvo una carrera más larga que cualquiera de ellos, ya que sus habilidades le permitían participar en películas de cualquier género. Cuando el western mudo decayó, a mediados de la década de los años veinte, el yaqui lanzador de cuchillos siguió encontrando “víctimas” en cintas de gángsters, dramas, horror y aventuras. Gracias al cine, seguimos viviendo el suspenso y las emociones generadas por su destreza y su sangre fría.



[1] 1876, de acuerdo con su tarjeta estadounidense de registro militar de 1918; 1882 según  la edad que siempre declaró y 1885 es el año que consta en el registro de su defunción, acaecida en Los Ángeles, California.

[2] Manifiesto de pasajeros del barco Esperanza, en su llegada a Ellis Island el 22 de abril de 1910.

[3] Manifiesto de pasajeros del barco Monterey, en su llegada a Ellis Island el 1o. de agosto de 1913.

[4] Chrisman, J. Eugene (1938, noviembre 27), “He Hurls Axes at Movie Stars”, Cleveland Plain Dealer’s The Week Magazine, p. 107.

[5] Coons, Robin (1932, enero 17), Knife Thrower Gets Big pay for “Just Missing”, Omaha World Herald, p. 32.

[6] Lightning Bryce (1919, agosto 24), Lexington Herald, section 5, p. 7.

[7] The Unknown Comes to the Regent Theatre (1927, julio 30), Riverside Daily Press, p. 3.

[8] Chrisman, Eugene J, Íbid.

[9] Coons, Robin, Íbid.

[10] Johnson, Erskine (1936, octubre 9), Trenton Evening Timez, p. 25.

[11] Skolsky, Sydney (1936, febrero 6), The Augusta Chronicle, p. 4.

[12] Johnson, Erskine, Íbid.

[13] Chrisman, J. Eugene, Íbid.

[14] Fidler, Jimmie (1937, diciembre 19), State Times Advocate, Baton Rouge, LA, p. 16.

[15] Mank, Gregory William, Hollywood Cauldron: Thirteen Horror Films from the Genre's Golden Age, Jefferson,North Carolina: McFarland & Co., Publishers, 2001, reprint, pp. 128-129; and of the same author, Bela Lugosi and Boris Karloff: The expanded story of a haunting collaboration, with a complete filmography of their films together. Jefferson, N.C: McFarland & Co., Publishers, 2009, p. 280.

[16] Johnson, Erskin, Íbid.

[17] Witter, Ted (1927, diciembre 15), The Evening Repository, Canton, OH, p. 23.

[18] Johnson, Erskin, Íbid.

[19] Misses People for a Living (1942, enero 11), The Oregonian, Portland, OR, p. 56.