El cine como documento histórico: Alarma (1937)


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© Xóchitl Fernández, 2013.



Introducción.


Cada película es testimonio de su momento histórico, independientemente de sus características y tema. Alarma, película producida por Producciones J. V. S. en 1937, es muestra del nacionalismo imperante en México en ese tiempo; a la vez, provee material e información relevantes para la historia del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de México, que había iniciado su “era moderna” en 1928:


Durante el Gobierno de Don Emilio Portes Gil (1928-1930), se adquirieron 3 bombas de la marca Americana”La France", extintores mecánicos "Fomite", uniformes y mascarillas de asbesto. El horario laboral era de 48 horas de trabajo por 24 de descanso, en la Ciudad de México de 3,000.050 de habitantes y una superficie urbana de 230 Km2.[1]


En la parte artística, la cinta constituyó el debut del compositor tampiquense Jorge Pérez Herrera.[2] Es también la única oportunidad de apreciar a las famosas cantantes Maravilla y Joyita en el cine mexicano.


Por otra parte, Alarma fue una de las evidencias presentadas para lograr la destitución de Enrique Solís Chagoyán de sus cargos como Secretario General en las dos agrupaciones que amparaban a los elementos artísticos, técnicos y manuales de la industria cinematográfica mexicana.




1. La película.


Alarma, de acuerdo con sus productores, fue concebida como un homenaje al Cuerpo de Bomberos de la ciudad de México, considerado como “uno de los mejores del mundo”.


El guión es un melodrama escrito por el también director de la cinta, René Cardona. La película fue dedicada a estos servidores públicos, como se lee en el mensaje que aparece al inicio:


Al valor y abnegación de los cuerpos de bomberos del mundo es dedicada por el autor esta obra, cuya realización se debe a la amplia cooperación prestada por el glorioso Cuerpo de Bomberos de México. Para estos héroes anónimos, salvaguardas de nuestras vidas e intereses, este homenaje de la cinematografía nacional.


La industria fílmica mexicana conocía bien el valor del trabajo del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de México, ya que éste había combatido varios incendios en instalaciones de estudios, laboratorios y salas de cine; entre ellos, el desastroso siniestro de los estudios de la Nacional Productora de Películas en 1933.


Alarma fue realizada por la empresa productora del actor Jorge Vélez, quien tuvo a su cargo el papel estelar. En realidad, Vélez fungía como prestanombres del líder sindical Enrique Solís Chagoyán, quien lo confirmó décadas más tarde, al ser entrevistado por el Dr. Aurelio de los Reyes:


“…yo estaba también usando a Jorge Vélez, que me hizo una película, Alarma, la cuestión de bomberos, ésa yo la costeé, que estaba yo en la Nacional Productora…”[3]


Solís ocupaba los puestos de Secretario General de la Federación Nacional de la Industria Cinematográfica y de la Unión de Trabajadores de los Estudios Cinematográficos de México en ese entonces, por lo que le estaba vedado por ley el ser patrón en la misma rama industrial. En 1938, al salir a la luz sus actividades como productor (Alarma y Dos cadetes) y como empresario en los estudios de la Universidad Cinematográfica (antes pertenecientes a la Nacional Productora de Películas), Solís fue destituido de sus cargos. Este conflicto no terminó con su carrera como líder, cabe aclarar.


Independientemente de los problemas relacionados con la producción de Alarma, ésta fue exhibida en México y en Estados Unidos. El guión era sencillo, con dosis equilibradas de acción, comedia y drama. La historia, el pietaje documental de gran interés y números musicales atractivos fueron factores para la amplia explotación comercial de la película.


El hilo conductor de la cinta lo constituye el noviazgo de un teniente del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de México (Ricardo Morell) con Tere, la hija única del millonario ferretero Pedro Álvarez, quien se opone a dicha relación. Él ya tiene destinado a su socio Rivero Bonilla, bien apodado ‘Riverito’, como marido para la joven. A pesar de su tipo estólido y ridículo, Riverito es astuto y avaricioso; logra convencer a Álvarez para que almacenen explosivos en la bodega de la ferretería, en lugar de enviarlos al depósito de seguridad. El objeto es evitar el pago de impuestos. Al ocurrir un incendio en la bodega, Riverito huye y Álvarez no declara que hay dinamita dentro del local; así, el novio de su hija permite que sus hombres entren a combatir el incendio. Al producirse una explosión, varios bomberos y una niña mueren; otros quedan heridos. El teniente es acusado de poner los intereses de su suegro antes que la vida de sus subordinados. Morell, ante los ruegos de Tere, se inculpa para salvar al verdadero culpable. Álvarez es absuelto pero, presa del remordimiento, confiesa todo antes de suicidarse. El teniente es exonerado.


Jorge Vélez y Yolanda Prida interpretaron los papeles protagónicos. Fueron secundados por destacados actores: Alfredo del Diestro (Pedro Álvarez); Pepe Martínez (Riverito) y Armando Arreola ‘Arreolita’ (Filomeno Tijerina). Joyita Prida, hermana de Yolanda, participó en un papel pequeño. Gilberto González, gran villano del cine nacional, representó un personaje de comedia en esta ocasión.



Las cantantes Yolanda y Joyita Prida[4] eran conocidas artísticamente como Maravilla y Joyita; para ambas, Alarma fue su única incursión en el cine mexicano.


El compositor Jorge Pérez Herrera, quien musicalizó 110 películas durante su carrera, hizo su debut cinematográfico en esta película. Para ella compuso, aparte de los temas de fondo, dos canciones cuyos títulos se desconocen.


Parte de la cinta se filmó en las instalaciones de la Estación Central de Bomberos de la ciudad de México y un numeroso contingente de bomberos auténticos tomó parte en varias escenas.


A pesar de que la copia disponible de Alarma no se encuentra en condiciones óptimas de preservación, es posible observar la excelente fotografía de Ross Fisher, quien mostró gran habilidad para captar las escenas de acción. A varias tomas supo darles un toque épico, muy acorde con la intención de la película, como cuando se ve a Jorge Vélez y a otros bomberos en los carros, con los cascos que los hacen aparecer como soldados romanos.


La edición, a cargo de Mario González, es eficaz. Se mezclan las escenas documentales del cuerpo de bomberos con las de ficción en forma fluida.


A lo largo de la película, el espectador tiene oportunidad de conocer parte de las instalaciones de la Estación Central de Bomberos de la ciudad de México, sus equipos y disciplina de trabajo. A través de la historia se aprende sobre su riguroso reglamento y los procedimientos que se siguen desde que se recibe el reporte de un incendio hasta su extinción. También se tiene oportunidad de observar cómo la negligencia en el manejo del fuego y de sustancias explosivas puede resultar catastrófica.


2. Escenas documentales y de intención didáctica.


2.1. El incendio.


Al principio de la película, se ve a un hombre despidiéndose cariñosamente de su esposa e hijas en su departamento, ubicado en el tercer piso de un edificio. Al salir, tira su cigarrillo encendido en el cesto de basura, que contiene, entre otros papeles, una fotografía de su esposa. El hombre va despreocupado por la calle, mientras un incendio se declara en el departamento.


En seguida vemos cómo se recibe el reporte telefónico en la estación de bomberos y se da la alarma. Los bomberos, ocupados en diversas actividades en los dormitorios y en los talleres, inmediatamente proceden a tomar sus equipos, meticulosamente ordenados en percheros especiales. Todo se hace con orden y precisión.


Los bomberos suben a los carros y presenciamos su recorrido por el centro de la ciudad. Las tomas son excelentes; cabe señalar que fueron realizadas durante el día, con el tráfico normal de vehículos y personas. Se ve pietaje de la avenida Reforma, la calle Madero y varios edificios conocidos. Al menos dos tipos de carros de bomberos se muestran; uno de ellos lleva escalera telescópica.


Durante el recorrido, el director Cardona aparece haciendo a un lado su automóvil para dar paso a uno de los carros.


En un corte a la escena del incendio se ve a la madre con las dos niñas, atrapadas las tres en una recámara.


Aparte, se ven las ambulancias que acuden también al llamado de auxilio y la oficina de un noticiario cinematográfico, en el que los operadores se preparan para acudir a la escena del siniestro.


Al llegar al edificio incendiado, los bomberos comienzan su trabajo siguiendo instrucciones dadas con toques de corneta. Se ve gran disciplina en la labor de equipo. Se desenrollan las mangueras y se coloca la escalera telescópica; cada hombre toma su lugar.


Los operadores de cámara del noticiario toman sus puestos y comienzan a filmar, mientras que agentes de policía mantienen el orden entre los curiosos.


En un simulacro bien realizado, el teniente Morell (Jorge Vélez) trepa por la escalera telescópica y entra a una habitación vecina a aquélla donde se encuentran las atrapadas. Al darse cuenta de que el pasillo está en llamas, regresa a la ventana y decide caminar por una estrecha cornisa para llegar hasta las víctimas.


La madre se desmaya y las niñas tratan de reanimarla. Los acercamientos son impresionantes. El rescate de las tres se realiza por medio de cuerdas. El procedimiento puede verse con detalle.


Durante la escena, se oye dos veces el grito desesperado “¡Cabello, quítate!”. Carlos López Cabello fue el asistente de director en la cinta.

Luego puede verse otra vez al teniente Morell en el cuarto, desmayado por la inhalación de humo. Al darse cuenta sus compañeros de que no sale, se da la orden de despertarlo con un chorro de agua. Morell es visto después en el hospital, con heridas leves.


Cambia la escena a las rotativas de un periódico, que imprimen el diario con la noticia del incendio. Dos bomberos perdieron la vida.

En seguida se ve una ceremonia auténtica del Cuerpo de Bomberos que se presenta como el funeral de los dos hombres fallecidos; en realidad, parece más bien una ceremonia conmemorativa. Los bomberos están ataviados con sus uniformes de gala. Los acercamientos muestran a hombres de diversas edades; algunos parecen adolescentes, mientras que otros están entrados en la mediana edad.


2.2. La vida cotidiana en la Estación de Bomberos.


Se presenta una parte de las instalaciones de la Estación: los dormitorios, las cocheras y el gimnasio. En este último, se ve a un grupo de bomberos realizar ejercicios gimnásticos en las barras paralelas, en el caballo y en el piso. Este pietaje es también documental  mezclado con ficción, ya que aparece Armando Arreola en su papel de Filomeno Mata. La escena termina con el sonido de la alarma, que suspende la sesión de ejercicio. Los bomberos corren a cumplir con su deber.


La convivencia cordial entre los hombres de servicio se enfatiza en escenas de charla y de trabajo en equipo, como el mantenimiento de los carros; estas escenas cumplen también la función de interludios humorísticos.




2.3. La explosión.


Luego de que el ferretero Álvarez accede a almacenar dinamita en su bodega a sugerencia de su socio Riverito, se le ve reprendiendo a un empleado (Miguel Montemayor) por fumar en el local. Éste se asombra, puesto que antes le era permitido hacerlo.


Una noche, la ferretería se incendia. Otra vez vemos a los bomberos realizando los preparativos para la acción. Hay un acercamiento a la hoja de reporte del incendio. En el recorrido se ven las calles del centro, en esta ocasión levemente iluminadas por los anuncios de neón.


Estando Álvarez en su casa, recibe la noticia de que su negocio se está quemando. Se presenta en el lugar con su hija Tere, desesperado porque el siniestro representa su ruina. El teniente Morell consulta con su superior sobre la conveniencia de entrar en el edificio y derrumbar algunas paredes para combatir el fuego. El jefe da su anuencia, siempre y cuando haya seguridad de que no hay explosivos en el lugar. Morell le pregunta a Álvarez, quien le asegura que no los hay. El teniente corre a dar órdenes. Tere, que sabe la verdad, trata de advertirle pero los agentes de policía no la dejan pasar.


Ocurre una explosión. Mueren seis bomberos y una niña; otros quedan seriamente lesionados. Las escenas del incendio y de la labor de los bomberos logran impresionar.


2.4. El juicio.


El almacenamiento de explosivos fuera de las bodegas de seguridad es un delito y Álvarez es llevado a juicio. Se declara inocente y el teniente Morell, chantajeado sentimentalmente por Tere, se declara responsable por haber permitido la entrada de sus subordinados a un edificio a punto de explotar. Se le acusa de poner los intereses de Álvarez por encima de su responsabilidad y es juzgado. El fiscal le recuerda las cláusulas 6a. y 9a. del reglamento vigente del Cuerpo de Bomberos, relativas a los deberes de estos servidores públicos y las causas por las que pueden ser separados de sus cargos. En el interrogatorio se enfatiza la modernidad del Cuerpo de Bomberos.


A una pregunta sobre los métodos usados en el combate de incendios, el teniente Morell contesta: “Nuestros sistemas son idénticos a los de las grandes capitales”.  El fiscal (Ángel T. Sala) le responde: “Quiere decir que usan ustedes todos los adelantos modernos para salir con bien de la misión que la sociedad les ha confiado, protegiendo sus vidas ¿no es así?”


Luego de terminados los alegatos, Morell es encontrado culpable y despojado de sus insignias en público, a la manera militar.


Es de notarse que en la película se presentan juicios por jurado popular, lo que le ha sido criticado a la cinta en diversas ocasiones, alegándose la inexistencia de los mismos en el sistema jurídico mexicano. En realidad, los jurados populares existieron hasta 1929, año en que fueron suprimidos para delitos del fuero común. En la década de los treinta hubo el intento de restituirlos; incluso en 1938 se presentó una iniciativa de ley al respecto.[5]


3. Otras escenas documentales.


Aparte de las escenas relativas al Cuerpo de Bomberos, Alarma contiene pietaje de una “kermés de caridad” realizada en el Parque Español. El evento filmado es real; pueden verse jóvenes ataviadas con trajes regionales mexicanos y españoles; puestos de comida, cafés al aire libre, juegos mecánicos; una banda municipal y una orquesta típica no identificada; números bailables típicos españoles y la actuación de Maravilla y Joyita, interpretando una canción ranchera.


No se indica quién haya organizado esta celebración; de cualquier manera, parece evidente que estuvo a cargo de la colonia española de la ciudad de México.


5. El espíritu militar y el nacionalismo.


El líder sindical Enrique Solís, productor de la película, valoraba en gran medida la disciplina férrea. En sus agrupaciones se acostumbraba la instrucción militar, de la cual estaba encargado el Capitán Mayor Reyero. En estos entrenamientos participaban también las mujeres agremiadas.[6] En algunas fotografías puede verse al dirigente y a algunos de sus subordinados portando uniformes de inspiración castrense.


Esa inclinación de Solís por la militarización se refleja en Alarma. En su visión del Cuerpo de Bomberos se enfatiza en todo momento la disciplina marcial: la pulcritud de los uniformes, los toques de la banda de guerra y la sincronización en las operaciones. Es notoria también en detalles tales como el procedimiento para degradar al teniente Morell cuando se le declara culpable y en los saludos de tipo militar.


Alarma refleja, por otro lado, el clima de nacionalismo y progreso que se vivía en México en la década de los treinta, al presentar un cuerpo de bomberos moderno, bien reglamentado y eficaz, “a la altura de los mejores del mundo”.


4. Comentarios finales.


Realizada como homenaje a los cuerpos de bomberos, Alarma es más que eso, ya que permite al espectador conocer mejor este servicio público, la forma en que se presta y a los hombres que protegen “la vida y los bienes” de los ciudadanos.


En la forma de un melodrama sencillo y ágil, esta cinta constituye un efectivo vehículo didáctico apropiado para cualquier clase de público.

Alarma es una de varias películas que combinaron exitosamente el aspecto documental y educativo con la ficción en la segunda mitad de la década de los treinta.



[1] http://www.bomberos.df.gob.mx/wb/hcb/heroico_cuerpo_de_bomberos_del_distrito_federal/_rid/3?page=6

[2] http://www.sacm.org.mx/archivos/biografias.asp?txtSocio=08075&offset=20

[3] Enrique Solís, entrevistado por el Dr. Aurelio de los Reyes, México, D.F., 20 de mayo de 1974, 137. Consultada en la transcripción existente en el Archivo de la Palabra, INAH, expediente PHO/2/8.

[4] Es posible que los nombres reales de estas cantantes no fueran Yolanda y Joyita Prida, ya que ha sido imposible localizar documentos genealógicos o de migración que así lo confirmen. De cualquier forma, el dueto de “Maravilla y Joyita” alcanzó cierto renombre en Nueva York, en México y en Sudamérica a fines de la década de los treinta.

[5] José Ovalle Favela, “Los antecedentes del jurado popular en México”, Criminalia, órgano oficial de divulgación de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, año XLVll, números 7-9, julio-septiembre, 1981, 780-784, available from:  http://biblio.juridicas.unam.mx/revista/pdf/DerechoComparado/39/art/art5.pdf

[6] Solís, entrevista, 92 y 94. En Reyes, Aurelio de los. 1987. Medio siglo de cine mexicano (1896-1947). Me´xico, D.F.: Editorial Trillas, 201, puede verse una fotografía proporcionada por Solís, en que aparece la actriz María Félix como abanderada del sindicato, vestida con uniforme militar.